Ruta muy divertida, llena de sorpresas, subidas, bajadas y sobretodo, caminos, uno detrás de otro. La ruta comienza en Pamplona y es el poco trayecto que haré por camino asfaltado, nos dirigiremos hacia Noain por caminos secundarios, aunque alguna zona está bastante transitada, una vez en Noain empieza la ruta de verdad, con el acueducto XXX como puerta de entrada a un parque de atracciones, a una gran montaña rusa con subidas y bajadas que quitan el aliento.
Una vez pasado el acueducto, entraré en una zona de curvas, de idas y venidas y de una gran recta empedrada que me llebará al siguiente pueblo.
Es entonces cuando entre la bruma se empieza a vislumbrar una de las montañas que más ganas tengo de probar, aunque no será en esta ocasión, la higa de Monrreal se levanta a mi derecha imponente y desafiante, la rodeo entre caminos boscosos y alguna que otra trialera que hace las delicias de mi montura, llegado a Monreal es momento de tomar un pequeño refrigerio para reponer fuerzas, intento llenar la botella con el agua que me regalan las fuentes que me encuentro por el camino y sigo hacia delante con pedaleo firme y decidido en un constante sube y baja que poco a poco va dejando mella en las piernas en busca de la que será la subida que me lleve a los molinos eólicos y me ayude a alcanzar la cotas más altas de la jornada.
Al pasar el pueblo, llego a un crucero que indica el camino de lo que será la subida más larga del trayecto y me llevará al lugar más alto, es una subida que oscila entre el 7 y el 13% que transcurre entre un bosque, tan diferente al que estoy acostumbrado a pedalear, un bosque que en vez de calor del suelo desprende un aroma a naturaleza y refresca mis pulmones a cada pedalada que doy.
Tras un rato pedaleando llego a los molinos y tras la parada obligada para admirar el paisaje continúo mi camino por la loma del monte, siguiendo la linea marcada por los molinos hasta llegar a un merendero en el que me dispondré a dar cuenta de mis viandas y coger algo de fuerzas que me ayuden a terminar con el último tercio del camino que me queda por recorrer.
La bajada es rápida y por una camino asfaltado, que después de tanto rato por terrenos empedrados se agradece, pero dura poco este camino y me encuentro con una gran sorpresa en forma de caminos complicados de transitar con corzo incluido y al final del cual me encuentro con una subida recta con pendientes de un 13 y alguna de un 16% que me lleva de nuevo a los molinos, una vez arriba y con las piernas temblando retomo de nuevo el sube y baja que me marcan los molinos y empiezo a ver al fondo las antenas que marcan el final de mi ruta.
Al llegar al último molino empiezo una bajada por una senda que en algún momento me obliga a bajarme de la bici, son pocos tramos pero ponen a prueba los frenos, llego finalmente a Rocaforte y me dirijo hacia una zona de acampada que recuerdo de algún trayecto anterior que hice años atrás en busca de un poco de agua ya que me he quedado sin, pero me encuento con todo cerrado debido al bicho de las narices que nos ha cambiado tanto en estos últimos meses.
Callejeo brevemente por las calles de Rocaforte y me lanzo por un pequeño camino que me lleva a la carretera que evita el paso por Sangüesa, son poco metros antes de volver a coger los caminos de tierra y dirigirme hacia el camino del Papa.
La jornada me guarda una pequeña sorpresa en forma de pinchazo que reparo al abrigo de la sombra de un árbol en pleno camino del Papa, no me queda más que dirigirme hacia Yesa por la carretera de Javier y tras la última subida después de pasar el río, me paro a recibir el trofeo de las aguas de la fuente que con gran y frío chorro fluye para renovar mis fuerzas.
Resumiendo: Ruta rompepiernas con constantes sube y bajas y con gran kilometraje, por momentos trancurriremos por pequeños trozos del camino de Santiago, vistas espectaculares y un nuevo modo de realizar el camino que tantas veces había realizado en coche.
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