lunes, 31 de octubre de 2016

Fuentes del Enebro, la Alhóndiga y pico Hierbas de Xiva

Qué decir de una ruta que me ha exprimido hasta la saciedad.
Ha sido una ruta dura, sobretodo al principio, demasiado asfalto para mi gusto, pero que al finalizar la jornada te deja una sonrisa dibujada en la cara y el pensamiento irremediable de que hay que volver.
La idea de hacer esta ruta surge de hace mucho tiempo, tanto como que el asfalto que hemos pisado hoy era un terreno pedregoso antaño, recordaba la fuente del Enebro con cariño ya que fue una de las últimas rutas que hice con la peña de montaña de Ribarroja, por aquel entonces nos quedamos en la fuente, otros valientes subieron hasta el Cuco.

La idea era hacer la ruta que hemos hecho y volver por el Cuco y la Nevera, pero la falta de tiempo y sobretodo de piernas del 50% del grupo, o sea yo, nos han hecho desistir y volver por el mismo sitio y así visitar las fuentes que nos habíamos dejado en la subida.
Dejamos los coches y emprendemos el camino que nos lleva al Enebro, yo lo recordaba de otra manera, por aquel entonces era un terreno pedregoso que se te agarraba a la rueda pero de dejaba ciclar con calma. Hoy la sensación era de ir por otro sitio que la otra vez, la sensación era de estar perdido, estaba esperando en todo momento ahora dejamos el asfalto y en breve comenzamos el trozo de tierra, pero nada, algunos flashes me levaban a la primera vez que subí, como la casa que da entrada a la fuente del Enebro pero andaba despistado, despistado y medio arrastrándome, ya en las primeras cuestas me he dado cuenta que el motor no tiraba, la alergia al asfalto se estaba traduciendo en un rodar pesado y en un no encontrar para nada una cadencia que me ayudase, pronto le he dicho a Nacho que tirase hacia arriba, me sabía mal frenar su ritmo, las piernas me pesaban, la cabeza gacha, y sin platos ni piños que gastar, seguía la estela lejana que me dejaba el otro 50% cuya silueta se dibujaba en la lontananza.















Pasando el desvío que indicaba la cercana presencia de la Alhóndiga, empieza la parte más dura de la ruta con un giro de esos de más de 90 grados a la derecha que te hacen plantearte los diferentes y locos motivos que te llevan a practicar este deporte...

Mis malas sensaciones se refrendan en forma de pinchazo en la espalda, esta claro que estoy tirando de todo lo que tengo, ya no son las piernas las que tiran, tira la espalda y eso sólo puede decir una cosa, déjalo, pero para qué dejarlo, pudiendo sufrir un poco más, Nace espera paciente en el desvío del track al que llego no se como y me tumbo en el dulce manto del asfalto, no siento, no oigo, solo quiero recuperar fuerzas. Medio plátano compartido hace que recupera las fuerzas y seguimos hacia arriba hasta legar a la falte de Oratillos, donde estuvimos al principio de la primavera, las piernas han recuperado algo su tono y la cabeza también, seguimos ahora ya por fin por terreno montañoso y es como si el retomar el contacto con piedras y tierra renovara las fuerzas, emprendemos la pequeña subida que resta hacia uno de los balcones más espectaculares que nos ofrece la naturaleza, pasamos por las hoces del Turia, donde nos sentamos en los bancos que hay, sólo disfrutar el paisaje que tenemos ante nosotros vale la pena.

Una vez arriba nos dejamos abrazar por los rayos del sol, ¿he dicho que he sufrido hoy? ya no, ya me he olvidado, es ahora al juntarnos con otro esforzado ciclista que nos cuenta que la subida fue asfaltada hace unos años, nos empieza a señalar picos, el Penyagolosa al fondo, sierra Martés ahí detrás....

es lo que tiene estar en el 1000 más cercano a Valencia, estoy convencido que si fuera por la bruma que cubre el litoral, hasta Les Columbretes se verían.


Emprendemos bajada por una senda que nos señala Garminito, senda larga, técnica con un poco de todo y un final pedregoso que nos devuelve al punto en el que no hacía mucho había deseado morir 20 veces...


Emprendemos la bajada no sin antes dejarnos refrescar por la fría agua de las fuentes de la Alhóndiga y el Enebro, que a fin de cuentas para eso estábamos allí.


La bajada por asfalto, peligrosa por las zonas de gravilla suelta y por los coches, pero ha sido pillar el llano y volábamos.

En definitiva una ruta dura, que me deja un regusto agridulce por mis malas sensaciones sobre la bici, pero con el disfrute de ver de nuevo unos paisajes asombrosos y de saber que al menos allá arriba quedan lugares donde el silencio, la calma y la quietud existen.


Al final que una ruta de 39,82 km con un desnivel acumulado de 1030 metros con un IBP de 79 y una cota máxima de 1003 metros.
Una ruta recomendable, por la dureza y belleza de la zona.
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Tenéis el track aquí, como siempre.

Fuentes del Enebro, la Alhóndiga y pico Hierbas de Xiva

Qué decir de una ruta que me ha exprimido hasta la saciedad.
Ha sido una ruta dura, sobretodo al principio, demasiado asfalto para mi gusto, pero que al finalizar la jornada te deja una sonrisa dibujada en la cara y el pensamiento irremediable de que hay que volver.
La idea de hacer esta ruta surge de hace mucho tiempo, tanto como que el asfalto que hemos pisado hoy era un terreno pedregoso antaño, recordaba la fuente del Enebro con cariño ya que fue una de las últimas rutas que hice con la peña de montaña de Ribarroja, por aquel entonces nos quedamos en la fuente, otros valientes subieron hasta el Cuco.

La idea era hacer la ruta que hemos hecho y volver por el Cuco y la Nevera, pero la falta de tiempo y sobretodo de piernas del 50% del grupo, o sea yo, nos han hecho desistir y volver por el mismo sitio y así visitar las fuentes que nos habíamos dejado en la subida.
Dejamos los coches y emprendemos el camino que nos lleva al Enebro, yo lo recordaba de otra manera, por aquel entonces era un terreno pedregoso que se te agarraba a la rueda pero de dejaba ciclar con calma. Hoy la sensación era de ir por otro sitio que la otra vez, la sensación era de estar perdido, estaba esperando en todo momento ahora dejamos el asfalto y en breve comenzamos el trozo de tierra, pero nada, algunos flashes me levaban a la primera vez que subí, como la casa que da entrada a la fuente del Enebro pero andaba despistado, despistado y medio arrastrándome, ya en las primeras cuestas me he dado cuenta que el motor no tiraba, la alergia al asfalto se estaba traduciendo en un rodar pesado y en un no encontrar para nada una cadencia que me ayudase, pronto le he dicho a Nacho que tirase hacia arriba, me sabía mal frenar su ritmo, las piernas me pesaban, la cabeza gacha, y sin platos ni piños que gastar, seguía la estela lejana que me dejaba el otro 50% cuya silueta se dibujaba en la lontananza.















Pasando el desvío que indicaba la cercana presencia de la Alhóndiga, empieza la parte más dura de la ruta con un giro de esos de más de 90 grados a la derecha que te hacen plantearte los diferentes y locos motivos que te llevan a practicar este deporte...

Mis malas sensaciones se refrendan en forma de pinchazo en la espalda, esta claro que estoy tirando de todo lo que tengo, ya no son las piernas las que tiran, tira la espalda y eso sólo puede decir una cosa, déjalo, pero para qué dejarlo, pudiendo sufrir un poco más, Nace espera paciente en el desvío del track al que llego no se como y me tumbo en el dulce manto del asfalto, no siento, no oigo, solo quiero recuperar fuerzas. Medio plátano compartido hace que recupera las fuerzas y seguimos hacia arriba hasta legar a la falte de Oratillos, donde estuvimos al principio de la primavera, las piernas han recuperado algo su tono y la cabeza también, seguimos ahora ya por fin por terreno montañoso y es como si el retomar el contacto con piedras y tierra renovara las fuerzas, emprendemos la pequeña subida que resta hacia uno de los balcones más espectaculares que nos ofrece la naturaleza, pasamos por las hoces del Turia, donde nos sentamos en los bancos que hay, sólo disfrutar el paisaje que tenemos ante nosotros vale la pena.

Una vez arriba nos dejamos abrazar por los rayos del sol, ¿he dicho que he sufrido hoy? ya no, ya me he olvidado, es ahora al juntarnos con otro esforzado ciclista que nos cuenta que la subida fue asfaltada hace unos años, nos empieza a señalar picos, el Penyagolosa al fondo, sierra Martés ahí detrás....

es lo que tiene estar en el 1000 más cercano a Valencia, estoy convencido que si fuera por la bruma que cubre el litoral, hasta Les Columbretes se verían.


Emprendemos bajada por una senda que nos señala Garminito, senda larga, técnica con un poco de todo y un final pedregoso que nos devuelve al punto en el que no hacía mucho había deseado morir 20 veces...


Emprendemos la bajada no sin antes dejarnos refrescar por la fría agua de las fuentes de la Alhóndiga y el Enebro, que a fin de cuentas para eso estábamos allí.


La bajada por asfalto, peligrosa por las zonas de gravilla suelta y por los coches, pero ha sido pillar el llano y volábamos.

En definitiva una ruta dura, que me deja un regusto agridulce por mis malas sensaciones sobre la bici, pero con el disfrute de ver de nuevo unos paisajes asombrosos y de saber que al menos allá arriba quedan lugares donde el silencio, la calma y la quietud existen.


Al final que una ruta de 39,82 km con un desnivel acumulado de 1030 metros con un IBP de 79 y una cota máxima de 1003 metros.
Una ruta recomendable, por la dureza y belleza de la zona

domingo, 11 de septiembre de 2016

De Ribarroja a Calicanto

Ruta rodadora que ha transcurrido entre huerta, la Rodana y más asfalto del que solemos tocar.
Hoy tocaba empezar a recuperar el tono que hemos perdido en el parón veraniego y qué mejor manera que hacer una ruta larga y con alguna dificultad montañosa de por medio.
Partimos pronto para evitar ese sofocante calor tardío que parece que no está muy dispuesto a marchar sin dejar de dar sus últimos coletazos antes de tener que coger de nuevo las mallas larga y dejar aparcados los culotes estivales.

Quedamos en el puente de ribarroja, para acercarnos desde allí a la Rodana por la carretera que circula paralela al camino del río hasta llegar al motor de riego.
Vamos bordeando la montaña y cogemos el camí de Xest y nos dirigimos hacia el pouet tapat por el que antes era un camino muy divertido y hoy parece una autopista, en fin, el "progreso" parece que obliga a poner asfalto en lugares que no son tan necesarios...
Bajamos rápidamente lo subido y nos vamos encaminando hacia el polígono de Loriguilla que nos permitirá atravesar la A3 por debajo.
Una vez atravesada la autovía empezamos a ver con más claridad hacia donde debemos llegar...

  Rodamos por caminos entre naranjos hasta alcanzar Calicanto, empezamos a subir por carretera (cuidado con los coches) hasta coger el desvío que nos dirige por camino de piedra hasta la cima de la sierra Perenchiza donde se encuentran las antenas,

Una vez recuperado el resuello y con una barrida entre pecho y espalda emprendemos una bajada bastante técnica con piedras sueltas y algún que otro escalón.Es una bajada técnica que cada uno debe hacer dentro de sus posibilidades, cuidado ya que como he comentado está llena de piedra suelta y alguna subida que te hace meter el platito para poder superarla.

 La vista desde la cima en un día claro, nos permite ver a nuestra izquierda la Calderona, en frente, Valencia con el mar como horizonte, un poco más cerca El Vedat y allá a nuestra derecha L'Albufera.
Volvemos cambiando ligeramente el recorrido pasando por el polideportivo de Loriguilla y volviendo a subir de nuevo al pouet tapat y volver a coger el camí de Xest para dirigirnos de nuevo a nuestro punto de partida.
Finalmente hemos hecho lo que queríamos, coger fondo y poco a poco volver a un estado que nos permita disfrutar mucho más aún del deporte que nos gusta, la ruta no es especialmente divertida salvo algunos tramos que pondrán a prueba nuestra pericia sobre la bicicleta, pero cumple con su cometido de llevarnos a sitios y mostrarnos paisajes que de otro modo no podríamos disfrutar.
Una ruta de 51,558 km con un IBP de 44, un desnivel acumulado de 640 metros y una cota máxima de 325 metros de altura.
Track aquí
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domingo, 5 de junio de 2016

Los molinos de Buñol

"En esto descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo, y así como Don Quijote los vio  dijo a su escudero: la ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra".
A mi memoria acudía la novela de Don Quijote de la Mancha cuando ya cerca de las 10:30 de la mañana coronábamos el objetivo de la salida de hoy, pero no adelantemos acontecimientos, empecemos por el principio.
Era una mañana fría para la época del año en la que nos encontramos, pero bueno, no hay nada que algo de ropa de abrigo (olvidad en la percha) no solucione.
Pues en esas estábamos en frente de la estación de tren de Xiva cuando al subir sobre nuestras monturas a empezado a llover.
Ha sido un agüilla constante, que casi no notábamos debido a que desde el primer metro de la salida de hoy hemos empezado un ascenso continuo por las calles de Xiva, al dejar algunas fábricas hemos entrado en nuestro querido terreno pedregoso y polvoriento (hoy no gracias al agua).
El terreno no paraba de subir y mientras subíamos las nubes aguantaban impacientes a descargar sobre nosotros una carga que no queríamos, por mucho que haga falta por estos lares de la península.
Lo cierto es que cuando llevábamos algunos kilómetros y no parábamos de subir nos ha entrado la zozobra ya que al ser una ruta nueva para nosotros no veíamos nada conocido y no sabíamos a dónde nos dirigirían nuestras pedaladas.
En una de estas y tras algún tramo que nos ha hecho agachar la cabeza y apretar los dientes con fuerza he visto a nuestra izquierda un monte que he reconocido por su forma característica: El Motrotón, por el que he pasado alguna que otra vez con Ballesta. Allá a lo lejos se vislumbraban las montañas de Macastre que más de una vez he tenido el placer de subir.

Ya con ánimos renovados y viendo nuestro objetivo al fondo, nos hemos sentido un poco más tranquilos, ya empezábamos a reconocer los puntos que teníamos delante: a nuestra izquierda los molinos con su lento girar, a nuestra derecha la silueta del pico de las hiervas. Ya situados, hemos continuado el ascenso.

El camino ancho, limpio de piedras en su mayoría y sin pendientes excesivas, ahora, sí, hay que pedalear con ganas para ir superándolo.
Rondando los 15 kilómetros hemos preguntado a un grupo de bikers con los que nos hemos cruzado ya que el track que teníamos no llegaba has ta los molinos, tras indicarnos nos hemos desviado ligeramente del camino marcado por el track y nos hemos dirigido hacia la primera bajada a la que nos enfrentaremos hoy, bajada rápida, veloz, vertiginosa, estupenda, aunque no la acabas de disfrutar del todo ya que sabes que en breve lo bajado lo has de volver a subir...
Al final hemos llegado a los molinos y nos hemos dejado llevar por el espíritu quijotesco y aunque no hallamos podido cabalgar sobre los molinos, hemos inmortalizado con alguna que otra foto el momento.

La sensación de insignificancia que te deja estar bajo las aspas de esos molinos es indescriptible, al igual que el sonido que desprenden a cada vuelta que dan.

Bueno, toca subir lo bajado, y curiosamente es ahora cuando nos enfrentamos a la zona más dura de la jornada, lo que antes era velocidad ahora se convierte en esfuerzo, lo que antes pasaba desapercibido ahora lo adviertes con todos sus carices.
Llegamos al desvío que nos ha llevado hasta los molinos y sin solución de continuidad continuamos el ascenso hasta llegar a la loma del cuco, lugar que disfrutamos hace bien poco en esta ruta, pero hoy lo visitamos en sentido inverso, tomamos el camino hacia la derecha y pasamos por la nevera echando una mirada de reojo con respeto por los esfuerzos que siempre supone el llegar hasta allí.
esta vez emprenderemos el camino de vuelta por la bajada que una vez fue subida, por la bajada que hizo que desde aquella vez mirará con recelo la sierra de Xiva por el sufrimiento que me supuso conseguir doblegar cada una de sus curvas y contra curvas, pero hoy tocaba disfrutarla, no sufrirla, emprendemos un descenso vertiginoso y no carente de peligro en algunas revueltas en las que la velocidad se apodera de tu cuerpo y no llegas a controlar cuando debes de frenar y alcanzamos sin más percances la fuente Umbría, lo de fuente por decir algo, es una pena que ya no mane agua de esas fuentes, ya me dió un aviso la última visita a la Calderona cuando no pudimos ni mojarnos los labios en la font del Poll, hoy en Xiva veo que la falta de agua también afecta a los manantiales, esperemos tiempos mejores en los que no sólo los anfibios disfruten del líquido elemento.

Pasamos fuente Umbría y bajamos por la cuesta del cura, recordando lo complicado que se hace subirla, el resto que nos queda lo hacemos casi todo por asfalto hasta llegar de nuevo al coche.
El sol nos acaricia los brazos con sus cálidos rayos, ya no queda rastro de la lluvia que nos refrescaba a primera hora de la mañana, otra salida más y otra vez volvemos a casa cansados pero con una sonrisa de complicidad en el rostro.
IBP 85, con 1135 metros de ascenso acumulado, una pendiente media de casi el 6%, hemos dejado la cota en 977 metros y la sensación de plenitud que te deja el haber hecho los deberes.
Ruta aquí.
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lunes, 16 de mayo de 2016

Altura-Gàtova-Olivera Morruda-Altura

Segunda ruta por la Calderona, aunque la anterior no la comenté ya que era una ruta que transcurría por la subida a Revalsadors por la Cartuja de Portaceli, una vez arriba, visitamos el punto geodésico, la nevera y el mirador, para bajar de nuevo al parking, es una ruta preciosa pero que ya había hecho alguna que otra vez.
Dejo alguna foto para disfrute y empiezo a describir la ruta espectacular de hoy.

No sabíamos qué ruta hacer esta semana, lo que queríamos era visitar la Olivera Morruda y hacer un pequeña reverencia a ese ser vivo que lleva entre nosotros más de 1500 años.
Nos decantamos por la ruta del centro de btt de la comunitat valenciana, y elegimos la ruta 5 del Alto Palancia, marcada como difícil, en el enlace se puede ver de forma más detallada y con mayor cantidad de datos la descripción de la ruta (aunque no con tanto sentimiento).
Por ella nos decidimos, no es difícil por el recorrido, es mas bien dura por la distancia que recorre y por el tipo de terreno, pero dejemos eso para más adelante...
La ruta comienza en el centro bit situado en el camping de Altura, lugar perfecto para empezar y acabar una ruta ya que posee restaurante y baños.
Nada más comenzar y antes de coger la vía verde de Ojos Negros, 200 metros de ascenso a un 20% para que las piernas entren en calor.
 Ya en la vía verde, disfrutamos de un dulce pedaleo que nos dirige hacia un pequeño tramo de asfalto que empieza a ir inclinando su pendiente, si bien no de manera exagerada, va dejando un poso para las piernas que ya nos pasará cuentas al final de la ruta.
Pasamos por zonas de merenderos y una zona de un pequeño stop del agua adornada por un puente que no me puedo resistir a dejar inmortalizada y con la promesa de volver con los peques para probar sus dulces y a buen seguro frías aguas.

Tras la foto continuamos por carretera hasta girar a la izquierda y emprender por fin pedaleo por nuestro firme preferido, todo el rato es constante la subida, aunque no llegamos a pendientes muy exageradas si que mantiene un punto de esfuerzo continuo que te mantiene alerta en todo momento.
Seguimos subiendo atravesando la Calderona de Castellón a Valencia, de Altura a Gátova, en continuos sube y bajas con algún que otro más sube que baja, justo en un punto de mayor pendiente nos encontramos con una invitada que llamada por el sol que después de una semana de agua asoma de nuevo, no podemos más que bajar de nuestras monturas y hacer fotos sin molestar en exceso a nuestra bella y a la vez temida (sobretodo por mí) compañera, se trata de una culebra de escalera, típica de estos parajes de aproximadamente 1 metro (aunque a mí me parece que debe medir cerca de 20) que no se inmuta ante nuestra presencia y posa para nosotros con total naturalidad.















Continuamos pedaleando hacia Gàtova y nos encontramos en ruta conocida ya por nosotros en una anterior incursión por la Calderona, donde alcanzaremos nuestra máxima cota del día a partir de ahí un rápido y divertido descenso hasta alcanzar Gàtova y dejarnos refrescar por su fuente y su "bocadill de lom y ques"como diría Nach...
Con el estómago lleno emprendemos camino y de nuevo una subida por asfalta un trozo hasta llegar a lo que queda de un pequeño torreón de vigilancia que nos obsequia con unas vistas espectaculares del enclave en el que nos encontramos.

Al fondo vemos el famoso y duro pico del águila el cual vamos rodeando durante toda la ruta.

Emprendemos un técnico y duro descenso de piedra suelta por el que nos cruzamos con algunos atrevidos que sufren de lo lindo para subir, el descenso nos lleva a un cruce de caminos en el que si tiramos a la derecha subiremos hacia el Tristany, pero esta vez no, hoy vamos por una trepidante bajada que nos deja en un valle de huerta, con un edificio a la izquierda (Mas de Ferrer) y la piedra angular de la ruta de hoy alzándose majestuosa sobre los demás olivos: la Olivera Morruda.
Emprendemos un rápido pedaleo por asfalto para llegar a ella, la tocamos, la abrazamos y casi podemos sentir como nos envuelve la calma del lugar, pero tenemos que abandonar su abrigo, y con una última mirada y con la sensación de pequeñez que te da el encontrarte enfrente de un ser vivo que ha vivido tanto y que si no intervenimos le queda por vivir, continuamos nuestro pedaleo.

Nach pedalea, yo casi repto, el famoso tío del mazo me ha venido a visitar y aún quedan dos tachuelas y veintitantos kilómetros, las piernas no me siguen y eso hace que no vea más allá de la siguiente piedra, cada pequeña subida me exige lo máximo, cada bajada la recibo con un suspiro, Nach, paciente, me espera en cada curva.
Llegamos a un punto inesperado y a la vez precioso como es la laguna de buitrera, una zona que en su inicio fue artificial pero que hoy alberga una gran cantidad de aves y peces que llenan de vida sus transparentes aguas.

Continuamos ya acercándonos a la población y antes de coger de nuevo la vía verde pasamos por una plantación de olivos ornamentales que en otras condiciones hubiese disfrutado más, pero voy como los burros con orejeras, no veo más allá de la rueda delantera, necesito azúcar y la consigo gracias a los nísperos que tomamos prestados de un árbol, ese extra me ayuda a cubrir los pocos kilómetros que restan para llegar de nuevo al camping y bajar lo subido al inicio de la salida.
No quiero olvidarme de citar la que en su día debió se algo arquitectónicamente colosal como es la Cartuja del Vall de Crist, en la que nos paramos para admirar a través de sus rejas las maravillas que le quedan por enseñar.
Resumiendo, ruta espectacular por su variedad de paisajes, su belleza y porqué no, por ese punto de dureza que le da un encanto definitivo.
Mi primera incursión en la tierra que me vio nacer y a buen seguro que no será la última.
Ruta de 53,62 km, con un IBP de 129 y 1542 metros de ascenso acumulado.
Ruta dura pero preciosa.
Track aquí
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domingo, 3 de abril de 2016

Nevera de Xiva-El Cuco-Pico de Yerba-Fuente Viñas

Ante de empezar a describir la ruta decir que la sierra de Xiva es el paraje natural municipal más grande de la Comunidad Valenciana. Dicho ésto comenzamos...
Espectacular, impresionante, delirante, acomplejante, explosionan y todas las palabras que se te pueden ocurrir que acaben en -ante, son pocas para describir la ruta que nos hemos marcado Nacho y yo.
Hacía cerca de 5-6 años que no me acercaba por la sierra de Xiva, los recuerdos que tenía me dejaban un sabor agridulce, sobretodo de la subida a la nevera que me dejó bastante tocado, la vez que la subí por la cuesta del cura y las numerosas zetas con firme (por llamarlo de alguna manera) bastante roto.
Así pues, enfrentaba esta salida con ciertas reticencias y cierto gusanillo nervioso en mi cuerpo.
Primera salida vespertina que no nos ha permitido disfrutar del todo de la tranquilidad del lugar ya que llegado cierto punto el redondeado astro ardiente nos iba abandonando para dar lugar a una noche estrellada.
Cargadas ya las bicis sobre en el coche emprendemos nuestro viaje hacia Xiva a la cual llegamos en cerca de media hora, desde la autovía, las vistas amenazan a nuestra lógica y entre risas vemos un camino que serpentea hacia arriba con desniveles imposibles y le digo a Nacho que eso es lo que íbamos a subir, ha sido un día de premoniciones, ya que poco después estaríamos subiendo por él.
Dejamos el pueblo y nos dirigimos hacia un grupo de chalets cercanos a la granja de toros, lugares ya conocidos por mí de anteriores incursiones por la zona.
Emprendemos nuestro pedalear por una zona asfaltada y con ligera inclinación positiva, en breve empezamos a ver señales que nos dirigen hacia los diferentes picos de la zona, y poco a poco nos vamos dirigiendo sospechosa e inexorablemente hacia el camino que veíamos desde la autovía.
Así pues emprendemos la subida sin más dilación y sin casi tiempo de que nuestros músculos se habitúen al esfuerzo, el firme, sobre tierra, parece una carretera, está recién apisonado, de hecho casi al final nos encontraremos con la "culpable" de tal finura.

Es de agradecer porque la subida deja poco o ningún respiro a las piernas, no quiero imaginar lo que debe ser subir semejante caminito con un suelo roto y empedrado.
Poco a poco, pedalada a pedalada, nos damos cuente de lo que nos espera hoy, miramos a la derecha y vemos la inmensidad de las vistas que se nos van presentando, valles infinitos, sólo interrumpidos por el azul del mar y montañas, picos y elevaciones que nos hacen soñar.
Vemos allá arriba a nuestra derecha una especie de caseta naranja y (segunda premonición) en tono jocoso nos decimos que allí es donde vamos, risas, comentarios, jiji, jaja, pues sí, allí acabaríamos horas más tarde.

Nuestro camino nos lleva a un mirador desde donde podemos ver una vistas maravillosas y donde un aire fría nos hace volver a coger a nuestra amiga entre las piernas y romper a sudar de nuevo.

Hoy era el primer día que salíamos sin mayas largas y no las hemos echado de menos para nada.

De repente y sin previo aviso aparecemos en la nevera.

Veo el camino de infausto recuerdo a mi izquierda y el severo de dimensiones bastante grandes aguardando paciente a que de nuevo, algún día, la nieve vuelva a hacer acto de presencia en la sierra y lo cubra de nuevo.

Nos hacemos a foto de rigor y seguimos subiendo un poco para encaminarnos hacia el pico del Cuco,  aquí el terreno está algo más roto, pero nada complicado.

Dejamos a nuestra izquierda un parque eólico del que tomamos nota para futuras incursiones por la zona.
La loma o el pico del Cuco ronda los novecientos y pico metros de altitud, pero se encuentra en una especie de meseta lo cual hace que no tengas la sensación de altura ni de inmensidad que deberías tener.

Es ahora cuando emprendemos por fin la primera de las bajadas, como será norma es esta salida, es una bajada que no te deja disfrutar después de todo lo subido y eso es debido a que es una pista ancha pero de terreno cubierto de grava, lo cual hace que no puedas coger la velocidad que te pide el cuerpo y convierte la bajada en un transitar con cierto peligro, es una pena, no podemos disfrutar lo subido, pero nos deja unas vistas estupendas marcadas por los frailes de piedra que comenzaron hace siglos su peregrinar y se quedaron orando y contemplando la belleza del paisaje.

Una vez abajo empezamos a comprender que la mancha naranja está más cerca y que nos dirigimos hacia ella.
Resulta que esa mancha naranja es el pico de Yerba y hacia allí nos encaminamos sin muchas pausas ya que el tiempo de luz escasea.
La subida no es excesivamente dura pero empieza a notarse la acumulación de porcentaje subido que llevamos sobre las piernas, finalmente, dejando las hoces del Cabriel allá abajo a nuestra izquierda, llegamos a nuestro destino, ¿qué mas da que el sol se esconda? ya veremos cómo bajamos. Una vez allí abrimos los ojos todo lo que podemos e intentamos captar con la mirada el espectáculo que nos brinda semejante balcón al infinito.

Que pequeños somos y sin embargo, cuánto daño hacemos, una pena. aún así la sierra con pocos árboles se mantiene verde gracias a matorrales y flores que cubren de naturaleza las cicatrices dejadas por repetidos incendios ocurridos en la zona hace años.
Un par de águilas revolotean cerca de nosotros y nos despiertan de la entonación en la que nos encontramos.

Empezamos a bajar y de nuevo una pequeña sorpresa nos espera, ya que, ésta no ha sido la última subida del día aún tenemos que asomarnos a otro balcón espectacular.
Si aquí hubiese acabado la ruta podríamos decir que habría sido perfecta, pero aún quedaba una última broma que nos aguardaba, agazapada  a nuestra izquierda.
Quedaban 7 km para acabar y el GPS nos decía que quedaban 40 minutos, nos decimos que está equivocado que todo es cuesta abajo, que ya no queda nada, que..... bici al hombro y a bajar cerca de 1 km que me han parecido 1000, eso no es una senda, de hecho me ha parecido ver una cabra en una esquina acurrucada y llorando de miedo.
Fuera de bromas, hemos conseguido tras bajar la senda de la Malavida volver a subir sobre las bicis para enfrentarnos a un par de subidas cortas pero con un desnivel y un grado de dureza por el terreno y por los km acumulados importante, finalmente vemos las manchas blancas de la fuente Viñas cerca pero aún nos queda bajar, por decir algo, por un terreno pedregoso a más no poder, la bici iba de lado a lado, los puños prietos, tensos, las piernas destrozadas y la espalda creo que aún la tengo detrás.
En fin, de nuevo una bajada que no hemos podido disfrutar.

Finalmente llegamos a Fuente Viñas y dejamos que su dulce y cálida agua riegue nuestro labios, tras lo cual nos dirigimos por zona ya conocida hacia el coche, justo en el momento en el que Sol, nos ha dicho hasta mañana.
En definitiva una ruta para recordar durante mucho tiempo y para repetir seguro, lo único que probablemente, no bajemos por el mismo sitio y busquemos alternativas más ciclabes.
Ruta con un IBP de 141, 36 km, con un desnivel medio de 8,99%,

Ruta total de 36 km, con un desnivel medio de 8,99%, con más de 2 km por encima del 20% y una desnivel positivo acumulado de 1437. Un valor de IBP de 116.
Enlace a la ruta aquí.


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jueves, 31 de marzo de 2016

Un paseo por la baja Calderona

Partimos con un día radiante desde la urbanización Chuliesa y nos dirigimos hacia el canal principal del embalse de Benagéber por caminos amplios, una vez en el canal, casi transcurridos los primero 5000 metros, las piedras dan paso a la gravilla, el pedaleo es cómodo y rápido, se nota una ligera inclinación positiva pero aún así, la conversación matutina y la facilidad del rodar hace que estos primeros kilómetros sean llevaderos y pasen a gran velocidad.
Es cerca del kilómetro 7 cuando cambiamos totalmente de superficie, ahora rodamos por caminos de tierra y piedra rodeados de pinos, todo en una ligera ascensión salpicada en algunos tramos de algún porcentaje subido de tono que nos recuerda que la montaña no se va a dejar batir sin ofrecer resistencia.

Cruzamos el barranco del Forat, con algún porcentaje cercano al 12%, pero nada que no podamos superar subiendo piños y apretando los dientes, de momento el paisaje no es muy distinto del acostumbrado por las montañas de la zona, zonas de pinada que seguro vivieron épocas de mayor frondosidad, matojo bajo y la sensación que te llevas cada vez que pasas por zonas como esta de que ojalá no sea la última vez que veas lo poco verde que queda.

Continuamos nuestro pedalear y es pasado el kilómetro 12 cuando, después de estar un rato subiendo poco a poco te encuentras con la única "tacha" realmente dura, es tras un par de serpenteos que hace el camino cuando de golpe y sin previo aviso aparece ante tí una "pequeña" pared con alguna pendiente que alcanza el 33%, las piernas se quejan, rabian, ante semejante desnivel, pero no hay nada que un platito y un gran piño no puedan solucionar.
Continuamos con el continuo tirar para arriba y llegamos a  giro pronunciado a la izquierda tras llegar a unos corrales donde no tenemos más remedio que para para admirar el paisaje que se planta ante nuestros ojos.

Montañas que quedan grabadas en nuestra memoria con la esperanza de poder subirlas en próximas visitas, caminos y más caminos, campos de cultivo, en fin todo paraíso que cualquier biker desea tener cerca para poder rodar en libertad.
Continuamos hacia el barranco de Bombón cruzando el barranco de Mora y dirigiéndonos hacia el barranco de Gabarra, es en este punto cuando abandonamos el camino y nos sumergimos en una senda estrecha que sube, aquí el cambio de pendiente y el terreno nos pilla por sorpresa y nos hace poner pie en tierra, conociendo la zona ya, es seguro que desde abajo sabiendo lo que se te viene encima lo encaras de otro modo y no es preciso quitar lo pies de las calas, pero la novatada la pagamos dando con nuestras suelas en la tierra.
Al llegar a la zona más alta de la senda observamos lo que queda de una pequeña aldea que vivió tiempos mejores, probablemente cuando la gente veía las montañas como un recurso natural que había que cuidar para poder obtener su fruto.

Continuamos nuestro camino entre pinadas y ya se torna más suave, dejamos el ligero ascenso y notamos como poco a poco nuestra velocidad empieza a crecer hasta llegar a algo parecido al paraíso, un gran campo de naranjos se extiende ante nosotros y no podemos más que dar gracias y tomar prestada una naranja que nos sabe a gloria y nos permite emprender los poco kilo,otros de vertiginosa bajada que nos queda hasta llegar a nuestro destino donde aguarda paciente el coche.
Al final resulta una ruta de 33,09 km, con un desnivel acumulado de 530 metros y una pendiente media del 3,98%, con un IBP de 33.
Enlace aquí.

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