lunes, 17 de agosto de 2026

Pamplona-Yesa

Ruta muy divertida, llena de sorpresas, subidas, bajadas y sobretodo, caminos, uno detrás de otro. La ruta comienza en Pamplona y es el poco trayecto que haré por camino asfaltado, nos dirigiremos hacia Noain por caminos secundarios, aunque alguna zona está bastante transitada, una vez en Noain empieza la ruta de verdad, con el acueducto XXX como puerta de entrada a un parque de atracciones, a una gran montaña rusa con subidas y bajadas que quitan el aliento.
Una vez pasado el acueducto, entraré en una zona de curvas, de idas y venidas y de una gran recta empedrada que me llebará al siguiente pueblo.
Es entonces cuando entre la bruma se empieza a vislumbrar una de las montañas que más ganas tengo de probar, aunque no será en esta ocasión, la higa de Monrreal se levanta a mi derecha imponente y desafiante, la rodeo entre caminos boscosos y alguna que otra trialera que hace las delicias de mi montura, llegado a Monreal es momento de tomar un pequeño refrigerio para reponer fuerzas, intento llenar la botella con el agua que me regalan las fuentes que me encuentro por el camino y sigo hacia delante con pedaleo firme y decidido en un constante sube y baja que poco a poco va dejando mella en las piernas en busca de la que será la subida que me lleve a los molinos eólicos y me ayude a alcanzar la cotas más altas de la jornada.
Al pasar el pueblo, llego a un crucero que indica el camino de lo que será la subida más larga del trayecto y me llevará al lugar más alto, es una subida que oscila entre el 7 y el 13% que transcurre entre un bosque, tan diferente al que estoy acostumbrado a pedalear, un bosque que en vez de calor del suelo desprende un aroma a naturaleza y refresca mis pulmones a cada pedalada que doy.
Tras un rato pedaleando llego a los molinos y tras la parada obligada para admirar el paisaje continúo mi camino por la loma del monte, siguiendo la linea marcada por los molinos hasta llegar a un merendero en el que me dispondré a dar cuenta de mis viandas y coger algo de fuerzas que me ayuden a terminar con el último tercio del camino que me queda por recorrer.
La bajada es rápida y por una camino asfaltado, que después de tanto rato por terrenos empedrados se agradece, pero dura poco este camino y me encuentro con una gran sorpresa en forma de caminos complicados de transitar con corzo incluido y al final del cual me encuentro con una subida recta con pendientes de un 13 y alguna de un 16% que me lleva de nuevo a los molinos, una vez arriba y con las piernas temblando retomo de nuevo el sube y baja que me marcan los molinos y empiezo a ver al fondo las antenas que marcan el final de mi ruta.
Al llegar al último molino empiezo una bajada por una senda que en algún momento me obliga a bajarme de la bici, son pocos tramos pero ponen a prueba los frenos, llego finalmente a Rocaforte y me dirijo hacia una zona de acampada que recuerdo de algún trayecto anterior que hice años atrás en busca de un poco de agua ya que me he quedado sin, pero me encuento con todo cerrado debido al bicho de las narices que nos ha cambiado tanto en estos últimos meses.
Callejeo brevemente por las calles de Rocaforte y me lanzo por un pequeño camino que me lleva a la carretera que evita el paso por Sangüesa, son poco metros antes de volver a coger los caminos de tierra y dirigirme hacia el camino del Papa.
La jornada me guarda una pequeña sorpresa en forma de pinchazo que reparo al abrigo de la sombra de un árbol en pleno camino del Papa, no me queda más que dirigirme hacia Yesa por la carretera de Javier y tras la última subida después de pasar el río, me paro a recibir el trofeo de las aguas de la fuente que con gran y frío chorro fluye para renovar mis fuerzas.
Resumiendo: Ruta rompepiernas con constantes sube y bajas y con gran kilometraje, por momentos trancurriremos por pequeños trozos del camino de Santiago, vistas espectaculares y un nuevo modo de realizar el camino que tantas veces había realizado en coche.

sábado, 14 de abril de 2018

L'alt del pí (Calderona)

Ruta muy similar a la última colgada de la Calderona, pero esta vez nose decidiremos a subir a L'alt del pí.
Ruta corta, pero con un contínuo ascenso que va dejando restos en las piernas.

Comenzamos, como casi siempre por el Km 0 y nos dirigimos por sendas camino de la fuente de Potrillos, al llegar al final de las sendas llegamos a un camino por el que acaban de pasar máquinas y parece una autopista, nos desviamos hacia zonas más pedregosas. Zona dura la que precede a la fuente (seca por cierto), llegamos a una bajada que dirige nuestras ruedas al pueblo de Serra, una vez allí, cogemos de nuevo el terreno que los gusta y comenzamos la subida más larga de la jornada, las vista a nuestra derecha nos animan a seguir pedaleando, al final de la subida llegamos a la carretera que lleva al Garbí (ya lo subiremos en otra ocasión) y nos encaminamos hacia el objetivo de nuestra ruta hoy: L'alt del pí.
La subida será de más o menos 1,5 km con una pendiente constante de un 13% con alguna ligera oscilación hacia ambos bandos. El terreno es asfaltado, parcheado y con zonas de graba y algún que otro hoyo.

La primera recta se me ha hecho larga, giramos en una curva hacia la izquierda y de nuevo a la derecha y al girar la vista a la izquierda, te das cuenta del motivo por el que estás haciendo este tipo de cosas a estas horas de la mañana, la vista, espectacular, a mi lado, acompañándome durante este tramos de subida el puerto de Valencia, la ciudad y hasta Cullera.
Seguimos el camino que nos dirige en una nueva curva a la derecha y la vista que nos regala es la zona de Castellón y la visión de las antenas que nos anuncia que el final está cerca.
Y lo está, pero el mío, los porcentajes suben un poco más hasta el 15%. Arriba Nach, esperando a que llegue.

Si durante la subida las vistas eran espectaculares, una vez allí el panorama mejora y nos muestra toda la costa valenciana en su esplendor a la espera de que sus arenas se llenen de turistas en los meses venideros.

Las antenas del Monte Picayo y la silueta de la Mola de Segart se recortan en frente de nosotros, casi las podemos tocar con las manos.
El sol nos calienta y nos impide que movamos, pero hay que trabajar, así que, emprendemos la bajada con bastante más frío que la subida.
Seguimos bajando hasta llegar a la font del Barrial dominada por una Ermita blanca como la cara que se me queda cuando Nach me comenta que se ha dejado la mochila en las antenas.

Así que no queda otra, a subir de nuevo, la subida esta vez, se ma hace más llevadera, hasta corta.
Una vez recuperada la mochila, vemos la hora y la falta de tiempo nos obliga a bajar por carretera hasta llegar al coche.
Ha sido una bajada en la que hemos dado todo lo que nos quedaba.
Finalmente una ruta de entrenamiento con unas vista que nos obligan a volver.
33,73 km con un ascenso acumuado de 1045 m. y una cota máxima de 720 m. IBP 77
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miércoles, 2 de agosto de 2017

Un paseito por la Calderona

Ruta que transcurre en las inmediaciones de la población de Serra. Es una ruta en la que nos vamos a encontrar una mezcolanza de terrenos que nos harán disfrutar de nuestro paseo con nuestra inseparable amiga.
En la ruta de hoy se une al grupo un nuevo miembro que nos hace de guía por sus más que conocidas tierras calderoneras, dando una nueva dimensión a los paseos por dicha sierra, ya que hasta ahora mis conocimientos de los caminos por la zona se ceñían a los ya descritos en el blog.
Damos por lo tanto un salto cuantitativo y veremos en el futuro nuevas rutas por la zona que, seguro que nos hacen disfrutar como la ruta que hemos realizado hoy.
Comenzamos como casi siempre en la zona del plà de l'Arc y pronto comenzamos a sondear por una zona de estrechos caminos y piedra suelta en continuo ascenso que me hace pensar que el día se va a hacer duro, pero nada más lejos de la realidad, pronto cogemos un camino ancho y, aunque continúa su ritmo ascendente, de buen rodar.

Pronto llegamos a una zona que ya conocía de una anterior incursión por la zona con Nacho en la que tuve que poner pie a tierra, esta vez no me iba a dejar vencer y por ello tomo un sendero alternativo que vi la anterior vez que gira hacia la derecha que, si bien no evita el último tramo duro de piedra, si que te permite meter todo y tirar hacia delante, tras un par de curvas llegamos a nuestro primer descanso para ver a nuestra izquierda el siempre presente monasterio de la Cartuja y poder ver la font de Potrillos, aunque esta vez no podemos beber de sus aguas, ya que está seca.

Seguimos el ascenso entremezclando zonas de bosque bajo y matojos y adentrándonos cada vez más en la sierra, un rápido descenso nos lleva hasta la población de Serra, que la cruzamos para coger de nuevo la bienvenida tierra, comienza ahora una zona de varios kilómetros en continua pendiente que oscila entre un 5 y un 13%, pero que nos permite un rodar alegre y recrear la vista con el paisaje que nos rodea.

El camino nos lleva a una carretera que nos lleva hasta la font del Barraix, donde, ahora sí podremos deleitarnos con sus frías aguas y, de paso llenar de nuevo la mochila que se había quedado vacía.

Tras desandar el pequeño camino que nos ha llevado a la fuente llegamos a la última sorpresa que nos espera en la ruta, cambiamos el asfalto por un terreno roto y de gran pendiente que hace que saquemos lo mejor de nosotros para poder superarlo, pero el esfuerzo vale la pena, como si de un tesoro al final de una gruta llena de peligros se tratara, al final del camino podemos ver un mirador que nos transporta a otro lugar en el que sólo existe la naturaleza y nosotros.

Reseteamos la vista de pantallas digitales y de más y tras un breve tente en pie emprendemos la vuelta por un camino roto en constante descenso (por fin), pero que a estas alturas de mi vida me hace desear que fuese de nuevo en ascenso (cada vez disfruto menos de las bajadas y más de las subidas, será la edad).

Finalmente llegamos de nuevo a Serra y tomamos el camino que nos lleva en ascenso de nuevo hacia el convento de las Carmelitas Descalzas, una vez llegamos al cruce giramos por la tierra hacia la derecha y emprendemos camino de vuelta mirando como poco a poco la luz del sol se despide de nosotros.
Al final una ruta muy recomendable, disfrutando de la buena compañía y convirtiendo en trío el duo que ya teníamos formado hace tiempo.
Esperemos que se consolide en el futuro.

IBP:45, con un ascenso acumulado de 750 metros y un porcentaje de subida medio del 4,86%, con un porcentaje máximo del 18% en el kilómetro 4,2.
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viernes, 30 de diciembre de 2016

Yesa-Javier-Canal-Antenas

Abre la mañana con un sol que no es propio para la época del año en la que estamos ni para la zona en la que hoy me encuentro, ahora sí, al salir a la calle la temperatura me de de bruces con la realidad. ¡Pero que frío hace, leche!
Me enfundo en la ropa, me subo la braga hasta las orejas y cojo la hoy prestada bici de mi cuñado para quitarle un poco de polvo y añadirle algo de barro.
Empiezo bajando por la carretera que une Yesa con Javier, no sin antes hacer una pequeña parada de rigor para llenar el bidón con el agua fresca de la la fuente. A medida que me acerco a Javier veo una niebla más que espesa que me impide ver el final del puerto, mi idea primaria era la de ir a Sangüesa por el camino del papa, pero ante tal espectáculo me meto de cabeza en la niebla que envuelve el puerto, dejando el camino y el castillo de Javier para otra ocasión.

Como siempre, lo peor del puerto es el comienzo, las tres primeras curvas se hacen duras, a partir de ahí la cosa es más tranquila y puedes llegar a subir con ritmo.
Una vez llegado al puerto lo que veo me hace confirmar mis sospechas de que la elección que he tomado ha sido la correcta.

No veo nada más que una gran nube bajo mis pies, no hay rastro de los caminos que recorren el canal de Yesa, me paro a contemplar la estampa y la inmortalizo en mi retina y como no, en la cámara del móvil.






Sigo con la idea de cruzar el camino del papa, así que doy media vuelta para repetir el camino hecho pero de vuelta, pero por el rabillo del ojo veo un camino de piedras que se mete hacia el bosque y es ene momento donde todo lo planeado se va al traste. La cabra tira al monte y esta cabra aún no ha catado piedra y ya estamos en el km 8, así que sin dudarlo, me dirijo hacia el camino que en un principio bordea la carretera tras un primer ascenso y un ligero descenso, poco a poco va separándose y me va mostrando a mi derecha el londinense paisaje que esconde el barranco de la Torreta que he recorrido en otras ocasiones aunque con una mejor visibilidad.
Entre nieblas, piedrecitas, huellas de jabalí y la excitación de haber encontrado un camino nuevo para mí, transcurre el camino hasta que de repente, el suelo desaparece ante mis pies en forma de bajada espeluznante, así que culo atrás y a bajar se ha dicho.

Emprendo una serie de dos o tres bajadas asesinas, de las que sólo se bajan pero no se suben has que alcanzo la carretera (por llamarla así) que circula por el canal y me dirijo hacia Javier con la idea fija de ir hacia el camino del papa, pero hoy no es el día.
Frente a mí veo un camino que me dirige hacia una montaña, un camino que hace tiempo quiero explorar, así que, a subir se ha dicho, emprendo una subida larga y con poco descanso, son cerca de 7 kilómetros con una pendiente constante y zonas de falso llano aderezadas con barro y el poco respeto de los cazadores por mantener los caminos con un firme decente que hacen que la subida se vaya endureciendo con el paso de los metros.

Cruzo a zonas conocidas y ya surcadas con lo que al final me decido por acabar una ruta que hace tiempo me quedé con las ganas, emprendo un tobogán que no soy capaz de subir en sus últimos 100 metros que me lleva a un balcón que me corta la respiración. Frente a mí veo el pantano de Yesa y al fondo con sus cumbres nevadas, los Pirineos me saludan y me retan con una sugerente llamada para una próxima vez.

Sigo el camino y alcanzo unas antenas situadas en el alto de las Ripas, el camino sigue pero la falta de tiempo y el desconocimiento de la zona me impide seguir por él (tras ver el track sobre el google earth, sí que parece que el camino enlaza con la el que tomo aunque no se realmente si será o no ciclable), así que emprendo la vuelta por el camino que conozco como el de los faisanes por una granja de faisanes que se encontraba en él, aunque realmente se llama el camino del pazo.
Ya en la carretera de nuevo me queda la última cuesta que me llevará a Yesa y acabo la ruta con la alegría y el disfrute de haber descubierto nuevos caminos.
Finalmente son casi 25 km con un IBP de 51, un ascenso acumulado de 707 metros y una cota máxima de 853 metros alcanzada en el alto de las Ripas.
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lunes, 31 de octubre de 2016

Fuentes del Enebro, la Alhóndiga y pico Hierbas de Xiva

Qué decir de una ruta que me ha exprimido hasta la saciedad.
Ha sido una ruta dura, sobretodo al principio, demasiado asfalto para mi gusto, pero que al finalizar la jornada te deja una sonrisa dibujada en la cara y el pensamiento irremediable de que hay que volver.
La idea de hacer esta ruta surge de hace mucho tiempo, tanto como que el asfalto que hemos pisado hoy era un terreno pedregoso antaño, recordaba la fuente del Enebro con cariño ya que fue una de las últimas rutas que hice con la peña de montaña de Ribarroja, por aquel entonces nos quedamos en la fuente, otros valientes subieron hasta el Cuco.

La idea era hacer la ruta que hemos hecho y volver por el Cuco y la Nevera, pero la falta de tiempo y sobretodo de piernas del 50% del grupo, o sea yo, nos han hecho desistir y volver por el mismo sitio y así visitar las fuentes que nos habíamos dejado en la subida.
Dejamos los coches y emprendemos el camino que nos lleva al Enebro, yo lo recordaba de otra manera, por aquel entonces era un terreno pedregoso que se te agarraba a la rueda pero de dejaba ciclar con calma. Hoy la sensación era de ir por otro sitio que la otra vez, la sensación era de estar perdido, estaba esperando en todo momento ahora dejamos el asfalto y en breve comenzamos el trozo de tierra, pero nada, algunos flashes me levaban a la primera vez que subí, como la casa que da entrada a la fuente del Enebro pero andaba despistado, despistado y medio arrastrándome, ya en las primeras cuestas me he dado cuenta que el motor no tiraba, la alergia al asfalto se estaba traduciendo en un rodar pesado y en un no encontrar para nada una cadencia que me ayudase, pronto le he dicho a Nacho que tirase hacia arriba, me sabía mal frenar su ritmo, las piernas me pesaban, la cabeza gacha, y sin platos ni piños que gastar, seguía la estela lejana que me dejaba el otro 50% cuya silueta se dibujaba en la lontananza.















Pasando el desvío que indicaba la cercana presencia de la Alhóndiga, empieza la parte más dura de la ruta con un giro de esos de más de 90 grados a la derecha que te hacen plantearte los diferentes y locos motivos que te llevan a practicar este deporte...

Mis malas sensaciones se refrendan en forma de pinchazo en la espalda, esta claro que estoy tirando de todo lo que tengo, ya no son las piernas las que tiran, tira la espalda y eso sólo puede decir una cosa, déjalo, pero para qué dejarlo, pudiendo sufrir un poco más, Nace espera paciente en el desvío del track al que llego no se como y me tumbo en el dulce manto del asfalto, no siento, no oigo, solo quiero recuperar fuerzas. Medio plátano compartido hace que recupera las fuerzas y seguimos hacia arriba hasta legar a la falte de Oratillos, donde estuvimos al principio de la primavera, las piernas han recuperado algo su tono y la cabeza también, seguimos ahora ya por fin por terreno montañoso y es como si el retomar el contacto con piedras y tierra renovara las fuerzas, emprendemos la pequeña subida que resta hacia uno de los balcones más espectaculares que nos ofrece la naturaleza, pasamos por las hoces del Turia, donde nos sentamos en los bancos que hay, sólo disfrutar el paisaje que tenemos ante nosotros vale la pena.

Una vez arriba nos dejamos abrazar por los rayos del sol, ¿he dicho que he sufrido hoy? ya no, ya me he olvidado, es ahora al juntarnos con otro esforzado ciclista que nos cuenta que la subida fue asfaltada hace unos años, nos empieza a señalar picos, el Penyagolosa al fondo, sierra Martés ahí detrás....

es lo que tiene estar en el 1000 más cercano a Valencia, estoy convencido que si fuera por la bruma que cubre el litoral, hasta Les Columbretes se verían.


Emprendemos bajada por una senda que nos señala Garminito, senda larga, técnica con un poco de todo y un final pedregoso que nos devuelve al punto en el que no hacía mucho había deseado morir 20 veces...


Emprendemos la bajada no sin antes dejarnos refrescar por la fría agua de las fuentes de la Alhóndiga y el Enebro, que a fin de cuentas para eso estábamos allí.


La bajada por asfalto, peligrosa por las zonas de gravilla suelta y por los coches, pero ha sido pillar el llano y volábamos.

En definitiva una ruta dura, que me deja un regusto agridulce por mis malas sensaciones sobre la bici, pero con el disfrute de ver de nuevo unos paisajes asombrosos y de saber que al menos allá arriba quedan lugares donde el silencio, la calma y la quietud existen.


Al final que una ruta de 39,82 km con un desnivel acumulado de 1030 metros con un IBP de 79 y una cota máxima de 1003 metros.
Una ruta recomendable, por la dureza y belleza de la zona.

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Tenéis el track aquí, como siempre.

Fuentes del Enebro, la Alhóndiga y pico Hierbas de Xiva

Qué decir de una ruta que me ha exprimido hasta la saciedad.
Ha sido una ruta dura, sobretodo al principio, demasiado asfalto para mi gusto, pero que al finalizar la jornada te deja una sonrisa dibujada en la cara y el pensamiento irremediable de que hay que volver.
La idea de hacer esta ruta surge de hace mucho tiempo, tanto como que el asfalto que hemos pisado hoy era un terreno pedregoso antaño, recordaba la fuente del Enebro con cariño ya que fue una de las últimas rutas que hice con la peña de montaña de Ribarroja, por aquel entonces nos quedamos en la fuente, otros valientes subieron hasta el Cuco.

La idea era hacer la ruta que hemos hecho y volver por el Cuco y la Nevera, pero la falta de tiempo y sobretodo de piernas del 50% del grupo, o sea yo, nos han hecho desistir y volver por el mismo sitio y así visitar las fuentes que nos habíamos dejado en la subida.
Dejamos los coches y emprendemos el camino que nos lleva al Enebro, yo lo recordaba de otra manera, por aquel entonces era un terreno pedregoso que se te agarraba a la rueda pero de dejaba ciclar con calma. Hoy la sensación era de ir por otro sitio que la otra vez, la sensación era de estar perdido, estaba esperando en todo momento ahora dejamos el asfalto y en breve comenzamos el trozo de tierra, pero nada, algunos flashes me levaban a la primera vez que subí, como la casa que da entrada a la fuente del Enebro pero andaba despistado, despistado y medio arrastrándome, ya en las primeras cuestas me he dado cuenta que el motor no tiraba, la alergia al asfalto se estaba traduciendo en un rodar pesado y en un no encontrar para nada una cadencia que me ayudase, pronto le he dicho a Nacho que tirase hacia arriba, me sabía mal frenar su ritmo, las piernas me pesaban, la cabeza gacha, y sin platos ni piños que gastar, seguía la estela lejana que me dejaba el otro 50% cuya silueta se dibujaba en la lontananza.















Pasando el desvío que indicaba la cercana presencia de la Alhóndiga, empieza la parte más dura de la ruta con un giro de esos de más de 90 grados a la derecha que te hacen plantearte los diferentes y locos motivos que te llevan a practicar este deporte...

Mis malas sensaciones se refrendan en forma de pinchazo en la espalda, esta claro que estoy tirando de todo lo que tengo, ya no son las piernas las que tiran, tira la espalda y eso sólo puede decir una cosa, déjalo, pero para qué dejarlo, pudiendo sufrir un poco más, Nace espera paciente en el desvío del track al que llego no se como y me tumbo en el dulce manto del asfalto, no siento, no oigo, solo quiero recuperar fuerzas. Medio plátano compartido hace que recupera las fuerzas y seguimos hacia arriba hasta legar a la falte de Oratillos, donde estuvimos al principio de la primavera, las piernas han recuperado algo su tono y la cabeza también, seguimos ahora ya por fin por terreno montañoso y es como si el retomar el contacto con piedras y tierra renovara las fuerzas, emprendemos la pequeña subida que resta hacia uno de los balcones más espectaculares que nos ofrece la naturaleza, pasamos por las hoces del Turia, donde nos sentamos en los bancos que hay, sólo disfrutar el paisaje que tenemos ante nosotros vale la pena.

Una vez arriba nos dejamos abrazar por los rayos del sol, ¿he dicho que he sufrido hoy? ya no, ya me he olvidado, es ahora al juntarnos con otro esforzado ciclista que nos cuenta que la subida fue asfaltada hace unos años, nos empieza a señalar picos, el Penyagolosa al fondo, sierra Martés ahí detrás....

es lo que tiene estar en el 1000 más cercano a Valencia, estoy convencido que si fuera por la bruma que cubre el litoral, hasta Les Columbretes se verían.


Emprendemos bajada por una senda que nos señala Garminito, senda larga, técnica con un poco de todo y un final pedregoso que nos devuelve al punto en el que no hacía mucho había deseado morir 20 veces...


Emprendemos la bajada no sin antes dejarnos refrescar por la fría agua de las fuentes de la Alhóndiga y el Enebro, que a fin de cuentas para eso estábamos allí.


La bajada por asfalto, peligrosa por las zonas de gravilla suelta y por los coches, pero ha sido pillar el llano y volábamos.

En definitiva una ruta dura, que me deja un regusto agridulce por mis malas sensaciones sobre la bici, pero con el disfrute de ver de nuevo unos paisajes asombrosos y de saber que al menos allá arriba quedan lugares donde el silencio, la calma y la quietud existen.


Al final que una ruta de 39,82 km con un desnivel acumulado de 1030 metros con un IBP de 79 y una cota máxima de 1003 metros.
Una ruta recomendable, por la dureza y belleza de la zona.
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Tenéis el track aquí, como siempre.

Fuentes del Enebro, la Alhóndiga y pico Hierbas de Xiva

Qué decir de una ruta que me ha exprimido hasta la saciedad.
Ha sido una ruta dura, sobretodo al principio, demasiado asfalto para mi gusto, pero que al finalizar la jornada te deja una sonrisa dibujada en la cara y el pensamiento irremediable de que hay que volver.
La idea de hacer esta ruta surge de hace mucho tiempo, tanto como que el asfalto que hemos pisado hoy era un terreno pedregoso antaño, recordaba la fuente del Enebro con cariño ya que fue una de las últimas rutas que hice con la peña de montaña de Ribarroja, por aquel entonces nos quedamos en la fuente, otros valientes subieron hasta el Cuco.

La idea era hacer la ruta que hemos hecho y volver por el Cuco y la Nevera, pero la falta de tiempo y sobretodo de piernas del 50% del grupo, o sea yo, nos han hecho desistir y volver por el mismo sitio y así visitar las fuentes que nos habíamos dejado en la subida.
Dejamos los coches y emprendemos el camino que nos lleva al Enebro, yo lo recordaba de otra manera, por aquel entonces era un terreno pedregoso que se te agarraba a la rueda pero de dejaba ciclar con calma. Hoy la sensación era de ir por otro sitio que la otra vez, la sensación era de estar perdido, estaba esperando en todo momento ahora dejamos el asfalto y en breve comenzamos el trozo de tierra, pero nada, algunos flashes me levaban a la primera vez que subí, como la casa que da entrada a la fuente del Enebro pero andaba despistado, despistado y medio arrastrándome, ya en las primeras cuestas me he dado cuenta que el motor no tiraba, la alergia al asfalto se estaba traduciendo en un rodar pesado y en un no encontrar para nada una cadencia que me ayudase, pronto le he dicho a Nacho que tirase hacia arriba, me sabía mal frenar su ritmo, las piernas me pesaban, la cabeza gacha, y sin platos ni piños que gastar, seguía la estela lejana que me dejaba el otro 50% cuya silueta se dibujaba en la lontananza.















Pasando el desvío que indicaba la cercana presencia de la Alhóndiga, empieza la parte más dura de la ruta con un giro de esos de más de 90 grados a la derecha que te hacen plantearte los diferentes y locos motivos que te llevan a practicar este deporte...

Mis malas sensaciones se refrendan en forma de pinchazo en la espalda, esta claro que estoy tirando de todo lo que tengo, ya no son las piernas las que tiran, tira la espalda y eso sólo puede decir una cosa, déjalo, pero para qué dejarlo, pudiendo sufrir un poco más, Nace espera paciente en el desvío del track al que llego no se como y me tumbo en el dulce manto del asfalto, no siento, no oigo, solo quiero recuperar fuerzas. Medio plátano compartido hace que recupera las fuerzas y seguimos hacia arriba hasta legar a la falte de Oratillos, donde estuvimos al principio de la primavera, las piernas han recuperado algo su tono y la cabeza también, seguimos ahora ya por fin por terreno montañoso y es como si el retomar el contacto con piedras y tierra renovara las fuerzas, emprendemos la pequeña subida que resta hacia uno de los balcones más espectaculares que nos ofrece la naturaleza, pasamos por las hoces del Turia, donde nos sentamos en los bancos que hay, sólo disfrutar el paisaje que tenemos ante nosotros vale la pena.

Una vez arriba nos dejamos abrazar por los rayos del sol, ¿he dicho que he sufrido hoy? ya no, ya me he olvidado, es ahora al juntarnos con otro esforzado ciclista que nos cuenta que la subida fue asfaltada hace unos años, nos empieza a señalar picos, el Penyagolosa al fondo, sierra Martés ahí detrás....

es lo que tiene estar en el 1000 más cercano a Valencia, estoy convencido que si fuera por la bruma que cubre el litoral, hasta Les Columbretes se verían.


Emprendemos bajada por una senda que nos señala Garminito, senda larga, técnica con un poco de todo y un final pedregoso que nos devuelve al punto en el que no hacía mucho había deseado morir 20 veces...


Emprendemos la bajada no sin antes dejarnos refrescar por la fría agua de las fuentes de la Alhóndiga y el Enebro, que a fin de cuentas para eso estábamos allí.


La bajada por asfalto, peligrosa por las zonas de gravilla suelta y por los coches, pero ha sido pillar el llano y volábamos.

En definitiva una ruta dura, que me deja un regusto agridulce por mis malas sensaciones sobre la bici, pero con el disfrute de ver de nuevo unos paisajes asombrosos y de saber que al menos allá arriba quedan lugares donde el silencio, la calma y la quietud existen.


Al final que una ruta de 39,82 km con un desnivel acumulado de 1030 metros con un IBP de 79 y una cota máxima de 1003 metros.
Una ruta recomendable, por la dureza y belleza de la zona