lunes, 31 de octubre de 2016

Fuentes del Enebro, la Alhóndiga y pico Hierbas de Xiva

Qué decir de una ruta que me ha exprimido hasta la saciedad.
Ha sido una ruta dura, sobretodo al principio, demasiado asfalto para mi gusto, pero que al finalizar la jornada te deja una sonrisa dibujada en la cara y el pensamiento irremediable de que hay que volver.
La idea de hacer esta ruta surge de hace mucho tiempo, tanto como que el asfalto que hemos pisado hoy era un terreno pedregoso antaño, recordaba la fuente del Enebro con cariño ya que fue una de las últimas rutas que hice con la peña de montaña de Ribarroja, por aquel entonces nos quedamos en la fuente, otros valientes subieron hasta el Cuco.

La idea era hacer la ruta que hemos hecho y volver por el Cuco y la Nevera, pero la falta de tiempo y sobretodo de piernas del 50% del grupo, o sea yo, nos han hecho desistir y volver por el mismo sitio y así visitar las fuentes que nos habíamos dejado en la subida.
Dejamos los coches y emprendemos el camino que nos lleva al Enebro, yo lo recordaba de otra manera, por aquel entonces era un terreno pedregoso que se te agarraba a la rueda pero de dejaba ciclar con calma. Hoy la sensación era de ir por otro sitio que la otra vez, la sensación era de estar perdido, estaba esperando en todo momento ahora dejamos el asfalto y en breve comenzamos el trozo de tierra, pero nada, algunos flashes me levaban a la primera vez que subí, como la casa que da entrada a la fuente del Enebro pero andaba despistado, despistado y medio arrastrándome, ya en las primeras cuestas me he dado cuenta que el motor no tiraba, la alergia al asfalto se estaba traduciendo en un rodar pesado y en un no encontrar para nada una cadencia que me ayudase, pronto le he dicho a Nacho que tirase hacia arriba, me sabía mal frenar su ritmo, las piernas me pesaban, la cabeza gacha, y sin platos ni piños que gastar, seguía la estela lejana que me dejaba el otro 50% cuya silueta se dibujaba en la lontananza.















Pasando el desvío que indicaba la cercana presencia de la Alhóndiga, empieza la parte más dura de la ruta con un giro de esos de más de 90 grados a la derecha que te hacen plantearte los diferentes y locos motivos que te llevan a practicar este deporte...

Mis malas sensaciones se refrendan en forma de pinchazo en la espalda, esta claro que estoy tirando de todo lo que tengo, ya no son las piernas las que tiran, tira la espalda y eso sólo puede decir una cosa, déjalo, pero para qué dejarlo, pudiendo sufrir un poco más, Nace espera paciente en el desvío del track al que llego no se como y me tumbo en el dulce manto del asfalto, no siento, no oigo, solo quiero recuperar fuerzas. Medio plátano compartido hace que recupera las fuerzas y seguimos hacia arriba hasta legar a la falte de Oratillos, donde estuvimos al principio de la primavera, las piernas han recuperado algo su tono y la cabeza también, seguimos ahora ya por fin por terreno montañoso y es como si el retomar el contacto con piedras y tierra renovara las fuerzas, emprendemos la pequeña subida que resta hacia uno de los balcones más espectaculares que nos ofrece la naturaleza, pasamos por las hoces del Turia, donde nos sentamos en los bancos que hay, sólo disfrutar el paisaje que tenemos ante nosotros vale la pena.

Una vez arriba nos dejamos abrazar por los rayos del sol, ¿he dicho que he sufrido hoy? ya no, ya me he olvidado, es ahora al juntarnos con otro esforzado ciclista que nos cuenta que la subida fue asfaltada hace unos años, nos empieza a señalar picos, el Penyagolosa al fondo, sierra Martés ahí detrás....

es lo que tiene estar en el 1000 más cercano a Valencia, estoy convencido que si fuera por la bruma que cubre el litoral, hasta Les Columbretes se verían.


Emprendemos bajada por una senda que nos señala Garminito, senda larga, técnica con un poco de todo y un final pedregoso que nos devuelve al punto en el que no hacía mucho había deseado morir 20 veces...


Emprendemos la bajada no sin antes dejarnos refrescar por la fría agua de las fuentes de la Alhóndiga y el Enebro, que a fin de cuentas para eso estábamos allí.


La bajada por asfalto, peligrosa por las zonas de gravilla suelta y por los coches, pero ha sido pillar el llano y volábamos.

En definitiva una ruta dura, que me deja un regusto agridulce por mis malas sensaciones sobre la bici, pero con el disfrute de ver de nuevo unos paisajes asombrosos y de saber que al menos allá arriba quedan lugares donde el silencio, la calma y la quietud existen.


Al final que una ruta de 39,82 km con un desnivel acumulado de 1030 metros con un IBP de 79 y una cota máxima de 1003 metros.
Una ruta recomendable, por la dureza y belleza de la zona.

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Tenéis el track aquí, como siempre.

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